escrito por Betsy Fierman

La semana pasada, después de dar un taller sobre empresas y derechos humanos en Antofagasta, mis colegas y yo nos subimos a uno de los pocos taxis que estaban circulando. Al subir, le preguntamos al conductor si pensaba que íbamos a poder llegar al aeropuerto, pues muchas organizaciones habían llamado a un paro nacional en el contexto de la crisis social que está sacudiendo al país, y habíamos escuchado que varios caminos estaban bloqueados por barricadas. ¿Su respuesta? Un comentario grosero insinuando que todos los manifestantes eran inmigrantes cometiendo actos violentos al otro lado de la ciudad. Además de ser racista, su comentario era incorrecto en cuanto a los hechos. Al igual que las protestas ocurriendo a lo largo del país, la mayoría de los manifestantes en esa ciudad norteña eran chilenos marchando pacíficamente demandando cambios sociales.

Mis colegas y yo reclamamos contra de su lenguaje denigrante, y le dijimos que veníamos saliendo de un taller sobre derechos humanos. Él se veía un poco perplejo, pero moderó su lenguaje. Luego, mis colegas hicieron otra cosa: se colocaron sus audífonos y miraron sus celulares. No hablaron ni escucharon más al taxista.

La crisis en Chile, como otras crisis sociales ocurriendo alrededor del mundo, es compleja y requerirá de soluciones políticas sofisticadas, incluyendo el proceso anunciado hace poco para elaborar una nueva constitución. Pero la crisis también exige algo que pareciera ser sencillo: si una nueva constitución va a ser representativa; si nuevas políticas públicas van a abordar las preocupaciones legítimas de una sociedad diversa y; si la ciudadanía va a estar involucrada de manera significativa en estos esfuerzos, entonces tendremos que escucharnos y seguir dialogando, aun cuando no nos guste lo que dice “el otro lado.” De alguna manera, tenemos que combatir las ganas de ponernos los audífonos cuando escuchamos algo que es poco atractivo o con lo cual no estamos de acuerdo.

Si no podemos hacerlo, entonces ¿Cómo podemos construir acuerdos amplios que tomen en cuenta distintos sectores, prioridades y puntos de vista? Si la gente no se siente cómoda expresando sus diferencias, entonces: ¿Cómo pueden los cabildos ciudadanos o los diálogos del sector privado lograr poner “arriba de la mesa” un rango completo de perspectivas y realidades? ¿Cómo podremos llegar a tolerar la diversidad dentro de la sociedad si no podemos conversar con personas que piensan de manera diferente que nosotros? 

Esto nos lleva de vuelta al taxista. A pesar de lo que parece ser un “acuerdo” general sobre la necesidad de cambios en Chile, la mayoría de las conversaciones hoy en día parecen estar ocurriendo dentro de círculos de amigos y conocidos con ideas similares. Abundan los prejuicios: los ricos, que son “codiciosos” y a quienes “no les importa nadie más”; los manifestantes, que son “anárquicos” y “no han trabajado ni un día en sus vidas”; la idea de que todo este movimiento de alguna manera ha sido coordinado por estados extranjeros e inmigrantes.  

Escucharnos e interactuar, a pesar nuestras diferencias no es la solución completa para la crisis que está viviendo Chile, pero es una parte importante para poder avanzar. Es algo que necesita pasar a nivel local, regional y nacional, dentro y entre sectores. Pero, ¿cómo se hace? Aquí van algunas ideas:

  • Apalancar la crisis. En el campo de resolución de conflictos, enseñamos que las crisis no necesariamente son malas. Sino que pueden ofrecer oportunidades para generar cambios reales. Cuando hay miles de personas protestando, cuando los vecinos están tocando cacerolas, cuando una fracción violenta está quemando estaciones de metro y neumáticos, hay algo que necesita ser escuchado. La crisis puede ser utilizada para recordarte abrir tus oídos y escuchar.
  • Tomar conciencia de las cosas que te “gatillan”. Todos tenemos temas que nos provocan, y/o hacen difícil escuchar a los demás. Aunque sea algo en relación a nuestros valores, nuestra experiencia personal u otra cosa, ayuda tomarnos el tiempo de notar qué cosas nos hacen querer ponernos los audífonos e irnos. Si sabemos lo que nos “gatilla” de esta manera, estamos en una mejor posición para seguir con la conversación, aun cuando estemos gatillados.
  • Si tus principios o valores se sienten amenazados, dilo. Aun en tiempos de tensión, es posible hablar sobre nuestros valores y principios. Si alguien está diciendo algo que te ofende, dilo – y explica por qué. Verbalizar tus valores puede ayudar a que los demás entiendan mejor tu perspectiva, y por qué puedes parecer poco flexible sobre ciertas temáticas. También puede ayudar a encontrar maneras de hablar sobre esas temáticas sin amenazar tus valores subyacentes.
  • Sé genuinamente curioso/a e intentar asimilar las perspectivas de los demás. La mayoría de nosotros tenemos experiencias o hemos hecho análisis que nos han llevado a pensar y sentir como lo hacemos sobre ciertos temas. Tomarnos el tiempo de entender por qué las otras personas piensan como piensan puede ayudarnos a entender mejor nuestras diferencias. Hacerlo implica estar genuinamente interesado/a en la otra persona, tratando de asimilar su perspectiva y evitar juzgar de inmediato lo que dice.
  • Esté abierto/a a cambiar de idea. Generalmente, empezamos una conversación seguros de que tenemos la razón. A veces sí la tenemos. Pero parte de ser curioso/a sobre por qué otra persona piensa lo que piensa, significa estar abierto/a – aunque sea solo un poco – a cambiar de idea si la otra persona te puede convencer, y/o ampliar tu comprensión de los temas en base a la experiencia y análisis del otro.
  • Date cuenta cuando tu voz interior toma el control. Es difícil escuchar verdaderamente cuando estás pensando. Pero nos pasa a todos. Alguien dice algo con lo cual no estamos de acuerdo, y de repente estamos pensando, ¡“esta persona está loca!” En la mente, estamos ocupados descartando a la persona en vez de realmente escuchar lo que están diciendo. Esta “voz interior” nos da información importante sobre nuestras emociones, argumentos y lo que nos gatilla, pero es difícil escuchar cuando está a cargo. En estas situaciones, intenta darte cuenta de que estás perdido/a en tus pensamientos, y luego, enfócate nuevamente en la otra persona.
  • Buscar el mensaje detrás del lenguaje difícil. A veces, alguien utiliza un lenguaje difícil o chocante para hacer un punto legítimo. Incluso, puede ser que estemos de acuerdo con el punto, pero estamos tan “descolocados” por el lenguaje utilizado que no lo podemos reconocer. Aunque sea difícil, buscar y enfocarnos en el mensaje principal detrás del lenguaje puede ayudarnos a mantenernos presentes cuando las conversaciones se ponen difíciles. A menudo, los facilitadores llamamos a este ejercicio “re-enmarcar”: tomar lo que dice alguien y ponerlo en otras palabras para que sea más fácil de escuchar.
  • Lo cual nos lleva, una vez más, al taxista. Cuando mis colegas se pusieron los audífonos, él no pareció darse cuenta. Siguió hablando. Estando acostumbrada a lidiar con conversaciones difíciles (además de ser la persona que iba adelante en el taxi), continué con la conversación. Su posición era xenofóbica. Estuvimos muchas veces en desacuerdo. “Re-enmarque” mucho, e intenté entender cómo sus experiencias personales habían contribuido a su punto de vista. Pero él también escuchó, y demostró que tenía curiosidad sobre lo que yo pensaba.

Después de un rato, su retórica anti-inmigrante se enfocó en la debilidad de la seguridad social del país, la cual – a su juicio – no se hace cargo ni de la población creciente de personas migrantes ni de trabajadores mayores como él. Resultó que estábamos de acuerdo en que Chile necesita mejores pensiones, salud y educación, y una nueva constitución. Me bajé del taxi pensando en que ojalá todos pudiéramos sostener mejor las conversaciones difíciles con personas con las cuales no tenemos opiniones parecidas. Probablemente, es el único camino hacia un diálogo más constructivo sobre nuestro futuro compartido.

 

Crédito de la foto: Protestas chilenas 2019 en Puerto Montt por Natalia Reyes Escobar (sin cambios), CC BY-SA 4.0